RAMON FONST FUE UN VIRTUOSO DE LA ESGRIMA

por Angel Torres


Parece increíble, pero en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007, no se hace ningún tipo de reconocimiento a los pioneros que elevaron la calidad de competencia a esos torneos y a los Centroamericanos, que hoy gozan de gran auge y popularidad internacional. Uno de esos héroes del pasado, sin parangón entre las modernas figuras del deporte, lo fue Ramón Fonst.

Los Juegos Panamericanos convocan a los atletas que provienen de los países de las Américas en un festival de deportes y amistad internacional. Los juegos se celebran cada cuatro años en el año que antecede al de los Juegos Olímpicos. Los primeros Juegos Panamericanos se celebraron en Buenos Aires, Argentina, en 1951, pero tuvieron su origen más de dos décadas antes. Durante el Congreso Olímpico que coincidió con la celebración de los Juegos Olímpicos de 1924 en París, Francia, los miembros del Comité Olímpico Internacional de Cuba, Guatemala y México propusieron que se establecieran juegos regionales en los que participarían los países de Centroamérica. Estos juegos se convirtieron en realidad dos

La historia de la esgrima en Cuba, tiene que estar atada para siempre al prestigioso nombre del comandante Ramón Fonst Segundo, porque gracias a él cobró auge y carácter internacional. Se debe aclarar que nunca fue segundo de nadie, a pesar de uno de sus apellidos.

Esa es la razón por la cual fue exaltado al Salón de la Fama del Deporte Cubano, el 16 de marzo de 2003 en Miami, por sobre un grupo de estelares en ese tipo de competencia, liderados por Manuel Díaz, Eugenio Garate, Jorge Agosten y Carlos Lamar.

Cuando en 1878 se jugó el primer campeonato de béisbol en Cuba, se inició la vida deportiva con la excepción de la esgrima, pues no se practicaba oficialmente ningún otro deporte en la ahora Isla esclava. Por eso resulta casi increíble que la figura de Fonst, sea constantemente ignorada en las principales reseñas históricas de la competición olímpica, porque él es amo y señor de unos méritos que muy pocos atletas han podido exhibir. Las hazañas logradas por este esgrimista, en diferentes ramas de las competencias deportivas, le habrían ganado en nuestros días una fama legendaria y merecida, algo que sucede inmerecidamente con personajes encumbrados por excesos publicitarios en las Grandes Ligas y otros deportes profesionales.

Son pocos los esgrimistas que hayan acumulado tantos honores, en las tres modalidades de esta exigente actividad: florete, espada y sable. Podríamos agregar la insólita versatilidad que colocó en la cumbre a ese militar cubano, que nació en La Habana, el 31 de agosto de 1883.

Desde su juventud mostró unas condiciones excepcionales para la práctica de la esgrima, en la cual fue iniciado por su padre Filiberto Fonst, quien fue un atleta destacado de su época.

Fue alumno de importantes maestros franceses e italianos, que le impartieron sus primeros conocimientos en el Club Gimnástico Habanero. En esa institución pudo alcanzar rápidamente una combinación poco común de agilidad física y mental, que lo llevaría a conquistar su primera victoria a los 11 años de edad, cuando ganó el campeonato francés de florete. Cinco años después a los 16 años de edad, se adjudicó el título de campeón mundial de espada.

Sin embargo, la grandeza de este magnífico deportista, no se vio limitada al simple rol de perfecto ejecutante de la técnica en el “arma de punta y filo”. Fue asimismo un singular creador, de tal suerte, que revolucionó las antiguas pautas que imperaban en la espada.

Con su estatura y tirando con la mano izquierda, impuso nuevos estilos, entre los que sobresalieron sus llamados "golpes de arresto" y "golpes de tiempo". Sin respetar los ataques contrarios, con asombrosa agilidad y maestría, sorprendía a sus adversarios metiendo la punta de su espada, donde quiera que encontrase un estrechísimo espacio, especialmente en el brazo o el antebrazo, sin él a su vez ser tocado.

Su velocidad en la ofensiva era extraordinaria y de ella se valía manteniendo su típica postura, plegado y con la guardia horizontal, para tocar de modo relampagueante a su rival. Que conste que el estilo olímpico de este zurdo maravilloso, era el verdadero, no el estilo heterodoxo inventado para las cámaras cinematográficas, por los espadachines del celuloide como Douglas Fairbanks (padre e hijo), Basil Rathbone, Tyrone Power, Errol Flynn o Antonio Banderas para su personaje de El Zorro.

Fonst fue un caballero dentro y fuera del campo de competencia. En más de una ocasión llamó la atención de los jueces al haber sido tocado sin que éstos lo apreciaran.

Su colección de galardones fue realmente espectacular, según un artículo de mi archivo escrito por Luis Ubeda. Durante su exitosa carrera conquistó 125 medallas en diversas disciplinas y 25 trofeos, así como numerosos honores ofrecidos por Francia, país donde tuvo destacadas actuaciones. Pero sus más resonantes hazañas las realizó cuando se convirtió en el primer cubano en ganar una medalla de oro en la historia de los juegos Olímpicos celebrados en Paris en 1900 y en la III Olimpiada Mundial de 1904 en San Luis, donde capturó cinco preseas de oro.

En 1926, durante los I Juegos Centroamericanos y del Caribe en México, se anexó las medallas de oro en las pruebas individuales de las tres armas. En la segunda edición de este clásico regional celebrado en La Habana cuatro años después, casi repitió la proeza, pero falló en sable debido a una lesión en el tobillo. En esa oportunidad participó en 25 asaltos consecutivos sin ser tocado una sola vez, superando así su propio récord mundial de 24 asaltos seguidos implantado en 1904.

Según Ubeda, entre los papeles de su vasto archivo se encontraron documentos relacionados con logros de su actuación, como el de Caballero de la Legión de Honor Francesa, la Gran Cruz de la Orden de Carlos Manuel de Céspedes, Orden del Mérito Militar de 1928 y la Orden del Mérito Deportivo. En su honor fue creada por la Federación Amateur de Esgrima de Cuba, la Orden del Mérito a la Esgrima “Ramón Fonst”.

Como detalle demostrativo de su versatilidad deportiva, debe señalarse que practicó además de la esgrima, el tiro de pistola, boxeo y ciclismo. Lo extraordinario fue que en todas esas especialidades cosechó resonantes triunfos.

Solamente una persona de sus enormes condiciones naturales, podía haber conquistado medallas con casi medio siglo de actuación, en una carrera donde derrotó a los mejores espadachines del mundo como el Barón D’Hurcourt, Luis Pierre, F. Seguín, Maurice Leudet y Juan José Renaud en América y en 24 ciudades europeas.

Es increíble que existan muchos cubanos que nunca hayan oído hablar de Fonst, que fue un verdadero campeón mundial en su especialidad, además de ser un ejemplo de caballerosidad y un orgullo para el deporte cubano y latinoamericano, hasta que falleció en la capital de Cuba el 10 de septiembre de 1959, dejando una estela de su gloria deportiva.

Su nombre era conocido por todos los espadachines del mundo y uno de sus mayores admiradores lo era el actor Errol Flynn, que visitaba a Cuba con frecuencia. Se cuenta que durante la filmación de una escena de la película “El Capitán Blood” rodada en 1935, Flynn sostenía un duelo a muerte con el villano personificado por Basil Rathbone, cuando este falló lastimosamente en una de las estocadas. Al ver lo sucedido Flynn sin poder controlar su risa, le dijo: “Si haces eso contra Ramón Fonst eres un hombre muerto”.

Los aficionados al deporte de las bolas y los strikes de la vieja guardia, no han olvidado que fue Fonst quien inventó el apodo de “Tarzán”, para identificar al fornido ex jardinero y tercera base cubano, Roberto Estalella, de los Rojos del Habana, Marianao y Almendares, en su última temporada de la extinta Liga Cubana de Béisbol Profesional y varios equipos de las Grandes Ligas, incluyendo a los Senadores de Washington, Carmelitas de San Luis y Atléticos de Filadelfia.



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