El estereotipo es también culpable

Por Carlos Wotzkow

Para los políticos de la Vieja Europa el Pentágono norteamericano viene a ser una especie podrida y aislada que pudre a las buenas manzanas de esa gran nación. Sin embargo, el análisis psicológico del fenómeno de Abu Ghraib funciona aquí, en este continente, a la inversa de como debiera. Según ellos, es esa institución castrense la que corrompe a sus nuevos alistados del ejército. Para los europeos, pero sobretodo para aquellos cuyo antiamericanismo es más una cuestión de compromiso que un razonamiento equilibrado, no son las duras condiciones en Irak las que endurecen a esos jóvenes soldados, sino una supuesta maquinaria controlada por la extrema derecha y el conservadurismo republicano.

Así la óptica, es inevitable que me vengan a la mente esos "buenos" carceleros cubanos que, al parecer, se han tenido que deshumanizar porque el paraíso castrista les ha cambiado la concepción de lo que es, no ya un terrorista puro y duro, sino un temible opositor pacífico. Los "enemigos de la gloriosa revolución socialista", o los "viles colaboradores del malvado imperialismo yanqui" no merecen perdón. Créanlo o no, por ahí cerca debe andar la consciente culpabilidad de todos esos que han favorecido los estereotipos revolucionarios. No digo ya como andan las ideas de todos esos marxistas-leninistas europeos que miran a la revolución de Castro con tan buenos ojos.

Muy humanas deben ser nuestras cárceles cuando el número que normalmente identifica a los presos en las prisiones estadounidenses ha sido substituido en Cuba por toda clase de apodos y ofensas contra el reo. En el Combinado del Este, en Manto Negro, en Villa Marista, los presos cubanos parecen no tener nombres y por desgracia, aunque pueda parecerles absurdo, tampoco son llamados por un número. Allí cumplen cadena "el gusano" (tal vez un disidente de esta última generación), "el vende patria" (un pobre balsero fracasado), "el gallina" (uno que lloró durante el amañado juicio) "el cocalero" (uno que al parecer se negó a integrar Sendero Luminoso), "el mandarria" (un demente al que las autoridades del penal utilizan como violador según el aburrimiento y los niveles de sadismo) y muchos otros olvidados más.

En Villa Marista no obstante, es donde más claro se hace la competencia entre el poder que otorga ese estado omnipotente (porque logró desarmar a la población hace ya unas 4 décadas) frente al individuo solitario y abandonado que necesita y desea ardientemente sobrevivir su mala suerte. ¿Cómo pueden los carceleros cubanos llegar a ser tan crueles? Evidentemente no es el linaje familiar el que les impulsa a ello, sino el estado que es quien favorece en Cuba la falta de respeto a la dignidad humana desde la mismísima infancia. "Seremos como el Ché": o sea, asesinos por placer y vocación. Por añadidura, todo aquello que allí se ejecute de manera anónima tiene el visto bueno de la revolución, pues la impunidad garantiza que las bestias sean todavía mucho más serviles.

Otro ejemplo de esa bestialidad a nivel popular en Cuba son los CDR. Estas comisarías privadas han acabado con el sentido de la comunidad. Si yo dejara hoy mismo mi Jeep parqueado frente a la puerta de mi casa en Altahabana, no pasaría una hora antes que el primer transeúnte se hiciera con su antena. No más de un día y alguno de sus cristales convertidos en mil pedazos daría libre acceso a la guantera y el HI-FI. No más de una semana para que sus ruedas, el motor y los asientos estuvieran a la venta en el barrio más cercano. Si lo hago en Suiza, y además dejo las ventanillas abiertas y las luces encendidas, lo más seguro es que el vecino corra a mi casa a decírmelo y además suspire aliviado de no se haya mojado su interior, o la batería no se haya descargado.

Para el cederista es más importante delatar al vecino, que al cabrón del MININT que le manipula y quién sabe si destruye hasta su vida privada. Cualquier tipo vestido de verde olivo es capaz de influenciar en la intimidad de ese esclavo cederista y además, pedirle que denuncie a todo aquel que negocie con alimentos para sobrevivir. Lo triste es que ese peón revolucionario lo hará a pesar de haberse beneficiado de su víctima un día antes y lo hará también (que no queden dudas), sin pensar un segundo que los hijos del vecino pasaban hambre y que el padre puede ser puesto en prisión por intentar buscarles algo que comer. Esa incitación masiva al abuso es una de las vías con las que Castro se ha hecho de tantos ciegos obedientes.

Pero hay otra forma de lograrlo y es creando ese mismo reflejo vía la intimidación y el hambre durante muchos años. A tal punto a llegado el pueblo de Cuba que en muchos casos ya no hace falta tan siquiera pedirles que denuncien. Varios millones de "no personas" han sido programadas para cumplir allí con el ritual de la chivatería. Tan es así que el vecino, no importa aquí su particular degradación humana, se convierte poco a poco en un ejemplo a seguir para el otro que le observa. Uno porque denuncia a su compañero de trabajo y el otro, porque echó p'alante a su hijo en una asamblea en la universidad. Poco a poco la sociedad cubana se ha ido haciendo miembro de un mismo team. Y es que el infierno hace al Diablo, no al revés.

La diferencia entre lo que ocurre dentro de las cárceles cubanas y lo ocurrido en la de Abu Ghraib es que en las primeras es el Estado el que estimula la crueldad de los carceleros, mientras que en Irak, es la propia naturaleza hostil del medio la que le ha arrebatado los últimos vestigios de la compasión. No es una sorpresa que afamados escritores (hoy en el exilio) gustasen de tirarse fotos como cazadores de negros en Angola. Y si los llamo "cazadores" no es por denigrarles, sino porque ellos fueron el tipo de animales que la revolución formó para exhibir sus victorias sobre todos los anticomunistas en el mundo. ¿O es que alguien no encuentra semejanzas entre las matanzas cubanas de negros en África y aquellas del KKK en los Estados Unidos? En Angola específicamente, no sólo fue importante la vileza sino que además, era imprescindible demostrar que se había participado en ellas.

Para los asesinos de aquellos alzados en el Escambray no sólo era importante mear sobre sus cadáveres en presencia de los jóvenes reclutas, sino además, y para hacer el horror aún mayor, era imprescindible dejarlo plasmado en fotos o por escrito. No dudo que esos altos pejes castristas recientemente arrepentidos no hayan colgado ya alguna de esas fotos en sus casas de Miami. Al fin y al cabo, como ya lo han dicho en sus libros, esa son las mejores pruebas con que ellos cuentan para demostrar su "honorable deshumanización". El hecho de haber estado en África linchando negros es para ellos un gran honor, pero además, parece imperativo enseñar sus fotos con sus trofeos de la UNITA muertos en el suelo y decirle a sus invitados "mira ese buen mozo, el segundo a la derecha, con el AK-47 en las manos, las Ray Ban, y el Rolex en la muñeca, ese soy yo".

El anonimato en que se mueven en Villa Marista los verdaderos responsables de tanta injusticia contra el pueblo de Cuba es de señalar. Siempre andan en ropa de civil, no llevan ninguna identificación, y tampoco muestran sus rangos mientras visitan esas instituciones del sistema represivo. Ese anonimato facilita su impunidad y su barbarie. Otro de los factores que facilita la crueldad es la juventud de sus subordinados. La mayoría de ellos no posee graduación (o sea, no tienen la más mínima formación) y casi todos tienen muy bajo nivel cultural. Si el recluta se comporta amablemente con un detenido inmediatamente son llamados a contar. Si por el contrario, el tipo es sádico, los supervisores brillan por su ausencia.

Este simple ejemplo, pero repetido diariamente en todas las cárceles cubanas hasta la saciedad, se incrementa automáticamente de manera exponencial. Con la llegada de la noche aumenta el aburrimiento y con él, el abuso a los detenidos. En esos momentos, como me dijo el mayor que se ocupó de mi estancia en aquel "hotel de 5 estrellas", él estaría culeándose a su hembra y tomando cerveza, mientras que yo estaría reduciendo el tedio de los reclutas orientales. Si a esto añadimos que a un recluta de Palma Soriano no le puedes hablar de José Martí (porque se queda en blanco), o de Sor Juana Inés de la Cruz (porque se cree que le estás mentado su madre), pues más fácil para que te considere un ET y te de una patada por… la clase. En términos de deshumanización, la falta de entendimiento entre el reo y su custodio es una callejuela (de un sólo sentido) por la que transita sin restricciones el abuso.

Las prisiones cubanas llevan 46 años formando abusadores. Es prácticamente imposible que un recluta de prisiones no acate el patrón de conducta de sus compañeros de infortunio. El dolor y la humillación ajena en la mayoría de los casos es allí una diversión, un pasatiempo, una especie de venganza de esos reclutas contra los presos que, indirectamente, "le obligan a pasar sus 3 largos años de servicio militar obligatorio también entre las rejas". Si a ello sumamos que los reclutas cubanos están obligados a trabajar 7 días a la semana, que no cobran un centavo por lo que hacen (o deshacen), que están alejados por largos períodos de tiempo de sus seres queridos, y que la mayoría de las veces duermen y comen en condiciones similares a la de los propios prisioneros, fácilmente comprenderemos su conducta.

El régimen de Castro no sólo ha envilecido a sus seguidores más leales y privilegiados, sino a toda la juventud que cayó en sus manos y que en un momento de sus vidas fueron buenos hijos, amables hermanos, magníficos padres y hasta católicos practicantes. Por eso, lo que tenemos como pueblo hoy día no es más que un rebaño de ovejas (amablemente hablando) sin principios, y que ven en toda la gama del liderazgo político de Cuba el mismo tipo de egoísta, corrompido, oportunista y esbirro deshumanizado. Amnistía Internacional gusta mucho de denunciar al Pentágono y la CIA de los abusos de Abu Ghraib y de Guantánamo. Pero cuando el asunto pasa de las alambradas de Caimanera hacia el interior de Cuba, son ellos los primeros en buscar anonimato para no quedar como artífices de su doble rasero.

En la última gestión emprendida en Suiza a favor de un grupo de prisioneros "olvidados", me llamó la atención de que Amnistía Internacional (a través de su responsable para Cuba en Londres) daba más crédito a la acusación gubernamental (es decir, a Castro) que a la defensa (las denuncias del exilio) de esos pobres infelices. De más está decir que el comunismo en Cuba ha sido el primer responsable en transformar a una otrora población normal en una piara digna de un malvado Lucifer. Muy importante además, son las condiciones de vida en las que sobrevive el pueblo de Cuba, pues ellas cuentan más sobre el deterioro de su moral de lo que todos pudiéramos imaginar.

Mucho tiempo tendrá que transcurrir después del castrismo para que nuestro pueblo sea capaz de actuar y comportarse con un mínimo de respeto hacia la sociedad. Hemos dejado de ser parte de ese grupo de naciones para las cuales la civilización es un concepto institucionalizado. Actualmente una de las preocupaciones que más atormenta al cubano es aquella de sentirse bueno, inteligente, civilizado, diferente, mejor. Y todo eso es una consecuencia directa del experimento castrista que nos ha llevado a demostrar que nos comportamos justamente al revés. Somos, por decirlo de alguna manera, un poco de todo lo que siempre hemos querido no ser.

Oriana Fallaci decía que "apenas el peligro pasa, el hombre se vuelve arrogante". Esas palabras son muy sabias, excepto que yo discreparía de ellas si se intentan aplicar contra aquel que quiere que en Cuba se juzguen a los criminales que han permitido tanta deshumanización. Soy de los que cree que hay más diablo escondido en aquellos que desean de que nunca se haga justicia. Detrás de cada perdón interesado hay siempre otro miserable Satanás. Soy de los que cree que es imperiosamente necesario focalizar la mira sobre los perpetradores de toda esta infamia y no perder vista a aquellos que tan ardientemente los quieren proteger.

¿Cómo vamos a convencer a los torturados, a los humillados, a los desterrados y a todas las víctimas de Castro de que en el perdón está lo correcto? Reconozco que el destierro es de esas infamias la menor, pero ¿vale más una buena botella de buen vino en Suiza que compartir el trago amargo de vivir en Cuba junto a mis ancianos viejos? Y como eso todo, desde la memoria emocional hasta la sentimental que trabaja separada en dos niveles de la consciencia. Soy de los que cree sinceramente que las religiones poseen un valor añadido en la guía moral de nuestra sociedad, pero ¿cómo respetar a la máxima autoridad eclesiástica, por ejemplo, cuando sus desvaríos lo han convertido de hecho en un dictador de la fe y su dedo anda apuntando al injusto equivocado?

Si Amnistía Internacional y la Santa Sede (dos organizaciones pomposamente populares con base en esta Vieja Europa) son capaces de mirar todos los días al abuso cubano y no decir "basta, esto hay que denunciarlo con la misma energía que criticamos a los gringos". ¿Con qué moral van a hablarnos a los cubanos de las injusticias en Abu Ghraib y de Guantánamo? El Vaticano, junto a todas estas "ONG" (la mayoría de extrema izquierda), son cómplices de facto de la dictadura cubana y aceptan tácitamente la opresión y la impunidad sobre nuestra sociedad. Y al pueblo cubano lo que le corresponde: ovejas decía que somos (en el mejor de los casos), de tanto que nos hemos puesto a mirar el horror sin combatirlo. No por gusto nos hemos merecido semejante castigo.

¿Queda algún decoro o consciencia de la ética olvidado en algún rincón de la memoria popular del pueblo cubano?

En lo que a mi concierne creo que sí, ya lo creo que hay ejemplos que debieran seguirse. Pero les puedo asegurar que no son muchos ni incluye a esos que van a Estrasburgo a recibir premios de manos de esos hipócritas eurodiputados. Tampoco son aquellos que viven en Cuba profetizando perdones (Menoyo y seguidores andan también en esto desde hace ya un buen rato) para los verdugos. Son, por el contrario, aquellos que desde dentro de las cárceles cubanas (y en el exilio también) han mostrado y demostrado que sí tienen muy buenos recursos humanos, un carácter inquebrantable, y una notable virtud (y fe) después de haber sufrido tan duras injusticias.

Si los cubanos debiéramos agradecer el apoyo moral (aunque ya se sabe que de manera intermitente) de alguna nación, esa sería los Estados Unidos. De sobra sabemos que el "embargo" no existe ni cumple con su cometido, pero al menos, desde el punto de vista moral, ha sido un recordatorio ético para los demás oportunistas que nos ignoran. No se negocia (y son muchos allí los que no quieren negociar con Castro), o se le otorga crédito a un ladrón. Sé que hay unos pocos hispanos solidarizados con nuestro pueblo, como mismo ha habido carceleros compasivos con nuestra mala suerte individual. Pero el rencor del mundo va siempre contra los Estados Unidos y nosotros, víctimas favorecidas de los norteamericanos, pagamos muchas veces con la apatía Europea por el simple hecho de ser agradecidos.

Sería injusto conmigo mismo si dijera que nadie más ha colaborado en denunciar la injusta dictadura que padecemos, pero al ser Cuba el líder mundial en "muertes bajo extrañas circunstancias" dentro del sistema penitenciario (y mientras se cumple en misiones internacionalistas) de los países occidentales, bien pudieran haber hecho un poco más. Como mismo se preocupan en Europa para que nos se nos moje el auto, o se nos quede sin batería, así mismo debieran preocuparse por lo que ocurre dentro de las tétricas mazmorras cubanas. Lo malo de esta historia es que Europa no las ve así. Las 200 cárceles de Cuba son una propiedad privada de Castro y ellos, atentos comunitarios para con la propiedad privada de sus viejos amigos, parecen más interesados en mantenerlas en buen funcionamiento para su querido amigo dictador.


Carlos Wotzkow
Bienne, Enero 22, 2005


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