EL EJE MALÉVOLO

Por Ernesto Betancourt


La alusión que hiciera el presidente Bush a Irán, Irak y Corea del Norte como miembros de un ''eje malévolo'' que promueve el terrorismo ha causado una reacción temblorosa entre algunos europeos y círculos liberales americanos. Es evidente que, para esa gente, el 9/11 es un episodio puntual y que Estados Unidos debe conformarse con el apoyo que tuvo la campaña altamente exitosa para desmantelar el régimen talibán en Afganistán y su aliado terrorista islámico Al Qaida.

Terminada esa fase del conflicto, esa gente opina que el mundo debe regresar al status quo ante. Aquí no ha pasado nada. Pero la amenaza terrorista ni empezó ni termina en Afganistán o con Bin Laden. Por eso, hace bien el presidente Bush en preparar al pueblo americano para una lucha más amplia y larga, aun si tiene que hacerlo solo.

El terrorismo islámico es una manifestación de una táctica de lucha típica de contendientes débiles ante oponentes poderosos. Los fanáticos islámicos están congelados en el tiempo; ven con pánico el impacto corrosivo en sus anquilosadas sociedades de la modernización que simboliza Estados Unidos. Lo mismo ocurre con el izquierdismo fanático que no acepta la derrota del comunismo por la democracia y el capitalismo. Por eso mucha gente de izquierda en América Latina recibió con beneplácito el ataque del 9/11. Ninguna más contenta que la ilustre ''abuelita'' de la Plaza de Mayo, Hebe Pastor de Bonafini, quien, desde La Habana donde vive su hija, expresó su satisfacción por el bestial acto; además de haber dado apoyo antes al terrorismo de los etarras.

En las últimas décadas, se legitimó el uso de tácticas terroristas para perseguir fines políticos ya fueran de origen religioso o ideológico. De ahí surgieron en los sesenta y los setenta alianzas extrañas entre la OLP, el IRA y la ETA, con los diversos grupos terroristas que promovió Fidel Castro en las Américas. Vladimir Ilich Ramírez, el notorio Chacal, Carlos, de origen venezolano y comunista, hizo su carrera terrorista en Europa con fuerte apoyo de Fidel, de la OLP y de Siria. Ahora es apoyado por el presidente Chávez, quien nada menos que pretende se le libere de la cárcel francesa donde sirve sentencia por sus crímenes.

En el caso de Colombia, tres miembros del IRA han sido arrestados al salir de la zona de despeje. Habían terminado su misión de asesoramiento y adiestramiento de las FARC en terrorismo urbano; todo coordinado desde La Habana por la representación del IRA para América Latina con el beneplácito de Castro. Todos estos episodios son meras señales de la amplísima madeja detrás del ''eje malévolo'', que no se circunscribe solamente a los países mencionados por el presidente Bush.

Hay un aspecto del terrorismo contemporáneo esencial en esa selección, la escalada en su dimensión. Desde la miniaturización de armas atómicas hasta el uso de armas cibernéticas y biotecnológicas, el desarrollo de armas de destrucción masiva ha hecho posible ataques terroristas de una escala no prevista antes y por potencias de menor escala, lo que ha llevado a una nueva escuela de estudios estratégicos: las amenazas asimétricas. A resultas de la coincidencia del 9/11 con la diseminación por correo del ánthrax, el pueblo americano y sus gobernantes han despertado ante la terrible amenaza asimétrica que el terrorismo moderno representa. Los países del eje malévolo desarrollan armas de destrucción masiva. Por eso se les seleccionó.

La declaración de guerra del presidente Bush al terrorismo tiene dos corolarios: uno, terminó la etapa en que es legítimo recurrir a tácticas terroristas; y, dos, no se pueden excluir acciones preventivas para evitar actos terroristas masivos. Las respuestas reactivas al terrorismo han dejado de ser adecuadas. Hay que tomar medidas preventivas. Yasser Arafat ha sido avisado de que, en la nueva era, no es legítimo usar el terrorismo como medio de lucha. Igual ha ocurrido con los independentistas de Cachemira, a quienes apoyaba Pakistán. La política dual de la monarquía saudita, de aliado americano y promotor bajo cuerdas del fanatismo islámico, es inaceptable. Los miembros del eje malévolo encaran posibles acciones preventivas si prosiguen en desarrollar armas de destrucción masiva.

En las Américas, Colombia y Venezuela están empezando a recibir atención dentro de este nuevo contexto. En Colombia mueren más personas anualmente víctimas del terrorismo que las que murieron en los ataques de 9/11. No es posible hablar de una nueva doctrina mundial de repudio al terrorismo e ignorar la tragedia que agobia a Colombia. Ni tampoco que líderes como el presidente Chávez estén enviando municiones a las FARC, como se reveló recientemente, al mismo tiempo que pretende tener relaciones normales con el gobierno de Colombia.

¡Ah!, y por poco se me olvida. El bravucón que en mayo del 2001 alardeó en Teherán de que ''Irán y Cuba podían poner de rodillas al imperio'', ahora trata de esconderse debajo de la cama, haciendo esfuerzos patéticos por disfrazarse de enemigo del terrorismo. Pero no engaña a nadie. Por eso, Lula lo veta de participar en el Foro Social de Porto Alegre y Putin le cierra la base de Lourdes, mientras Bush espera medidas más tangibles que sus acciones superficiales por distanciarse del terrorismo. La hora de las definiciones en cuanto a la guerra contra el terrorismo no se limita al eje malévolo. Está llegando a las Américas. Y Fidel parece estar poniendo sus barbas en remojo. Estén alertas, porque en cualquier momento se las afeita.


FIN


Ernesto Betancourt
Feb. 18, 2002

El Nuevo Herald


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