LA SOMBRA DEL PARAGUAS

Por Hugo J. Byrne


El autor Andrés Oppenheimer en un reciente artículo afirma que el exilio y el régimen totalitario de Castro ya no constituyen polos diametralmente opuestos, por lo menos en lo que al primero se refiere, y que esto quizás sea un portento positivo para el futuro de Cuba. En "Castro's Final Hour", obra por la que Openheimer es mayormente conocido, el autor afirmaba que Castro, en virtud de concesiones mercantiles heréticas al socialismo y simultáneo mantenimiento de la dictadura política, estaba "liquidando su revolución".

Su libro describía como el castrismo ha perdido ortodoxia y vapor al mismo tiempo. Es preciso recordar que mientras no pierda el poder absoluto que detenta, esas son consideraciones puramente académicas. A pesar de eso, Oppenheimer trata en su obra de ser objetivo. Lo logra en la medida que esto es posible para un periodista decididamente ubicado en ese llamado "izquierdismo democrático" en busca de la utopía, a la sempiterna moda política latinoamericana. Para el escritor argentino las concesiones marginales y forzosas de Castro al capitalismo convierten "su revolución" y régimen en algo muy parecido a las paternalistas dictaduras "de derecha" latinoamericanas, solamente que más rígida y opresiva.

Esa idea es interesante y probablemente válida, pero Oppenheimer pierde totalmente la brújula en medio del camino. La pierde tanto en el ensayo de ahora, como la perdiera en su libro, publicado en el 92. En este artículo que titula "¿Revolución en Miami?", aparte de avanzar de nuevo esos conceptos, critica a quienes llama "los ultras de la derecha batistiana". El autor afirma que Castro está perdiendo credibilidad cuando acusa de "mafia" al exilio de Miami. Quien analice su artículo concluirá que para Oppenheimer la única oposición violenta que ha enfrentado Castro siempre ha surgido de los partidarios del antiguo régimen. Esa invención de la propaganda castrista tiene tanta validez histórica como negar que ocurriera un holocausto judío en Europa durante el siglo pasado.

Si hubiera sido posible obtener un censo penal político de Cuba a fines de los sesenta, encontraríamos que los militares de Batista y sus correligionarios civiles estaban desde entonces en franca minoría. La evidencia indica que la abrumadora mayoría de presos políticos ya provenía de elementos revolucionarios anti batistianos, junto a otros que hasta ese entonces no se habían envuelto en la vorágine política de Cuba. Caracterizar la dictadura de Batista como "de derecha" es además una simplificación histórica imperdonable en Oppenheimer. Batista en su primer gobierno "constitucional" (1940-44), no solamente pactó con el partido comunista, sino que dos miembros de su gabinete eran dirigentes de dicho partido. Uno de ellos, Carlos R. Rodríguez más tarde fue "Vicepresidente" del régimen castrista. Es importante recordar que Batista facilitara a los comunistas obtener control del movimiento obrero cubano, el que luego perdieran a manos del Ministro de Gobernación de Grau San Martín y futuro presidente, Prío Socarrás. Prío fue derrocado por Batista el 10 de Marzo del 52 y en su primerísima arenga a la tropa en la llamada "Ciudad Militar de Columbia", este último prometió que no se enviarían tropas cubanas a combatir el comunismo en Corea.

Las acciones guerrilleras en la Sierra del Escambray, entre 1960 y 1966, año en que Castro lograra al fin aplastar la oposición armada dentro de la Isla, nunca hubieran ocurrido sin el concurso de los campesinos de esa zona. Eran los mismos campesinos que se alzaran en armas en el mismo lugar, a fines de los años cincuenta. Los caudillos de esta guerra sangrienta y difícil, se originaron en la revolución contra Batista. El más famoso de los mismos, Osvaldo Ramírez, quien muriera en combate en 1962, fue incluso oficial de la policía castrista en 1959.

Si aceptamos la "historia", tal y cual se escribe hoy en Cuba, la guerrilla del Escambray, que sólo pudo ser aplastada por genocidio, nunca ocurrió. Para esa fábula disfrazada de historia legítima, los alzados eran simples bandidos a sueldo de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana. De ser esto cierto, ¿por qué fue necesario relocalizar comunidades enteras de campesinos de esa zona a la provincia de Pinar del Río? Este movimiento forzado de "pacíficos", reminiscente de la cruel "Reconcentración" ordenada por el Capitán General español Weyler durante la Guerra de Independencia, creó nuevas comunidades en esa área, como la llamada "Sandino". Oppenheimer puede fácilmente comprobar (si quiere) que estamos hablando objetivamente sobre hechos históricos reales.

Por desgracia, la versión de la Historia de Cuba que presenta Castro, es aceptada sin preguntas por la "izquierda democrática" latinoamericana y europea y por ciertas élites académicas norteamericanas del mismo extremo político, con raras y admirables excepciones. Una de estas admirables excepciones lo fue precisamente el compatriota de Oppenheimer y desaparecido activista de derechos humanos, Jacobo Timmerman. Este crédito ciego a la propaganda totalitaria de Cuba se basa parcialmente en falta de información, pero también se funda en utopías políticas, que aún en franco descrédito, anulan a veces al sentido común y a la honestidad intelectual. Oppenheimer, escritor ameno y reportero sagaz, no tiene excusa.

Ignorar la realidad para Oppenheimer no se ciñe a relacionar intrasigencia hacia una dictadura totalitaria de casi 44 años de existencia con una supuesta filiación "ultraderechista-batistiana". El autor clama por una mayor "apertura" política hacia Castro por parte del exilio, para que contraste con el absolutismo de la Habana. Como para responder a semejante disparate, dos acontecimientos recientes demuestran de nuevo las razones por las que no es práctico y ni siquiera factible transigir con Castro: Un castrista asesino, fiscal y verdugo de docenas de inocentes, obtuvo visa de INS y pudo dar una "conferencia" en La Universidad de Miami. Por contraste, un exiliado cubano que tratara de obtener una respuesta civilizada del "Canciller" Pérez Roque, durante la llamada "Cumbre" en República Dominicana fue llamado "provocador" y agredido cobardemente por la porra de Castro. Dice un proverbio inglés que para bailar tango se necesita una pareja..

El castrismo mantiene al pueblo sometido por el terror. Ese sometimiento forzado no puede confundirse con acatamiento. Pero algunos lo hacen. Para esos, la realidad no existe. En su mundo de utopía todo es percepción. Esos siempre verán al exilio cubano como a una entidad distinta y foránea a Cuba. Y aunque el cielo esté totalmente nublado, siempre han de buscar sombra bajo el apaciguador paraguas de Chamberlain.


FIN



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