DOS JUICIOS PARA LA HISTORIA

por Hugo J. Byrne


UNO

El Ministro de Relaciones Exteriores de España Miguel Angel Moratinos, un currito mofletudo, socialista y sonriente a quien sus más allegados paisanos conocen benévolamente por “Desatinos”, recientemente visitó Catrolandia. En teoría la visita del diplomático andaluz tenía el propósito de mantener y mejorar las relaciones que todos los gobiernos peninsulares, incluído sugestivamente el de Franco, han mantenido con la tiranía de Castro desde su inauguración en enero de 1959. Esta consistencia diplomática que no parece haber ayudado a los miles de honrados españoles que fueran despojados de sus legítimos negocios y propiedades de la Cuba precastrista, o al honor de España, tantas veces vilipendiado por Fifo, es definida por Desatinos de manera peculiar.

El currito afirma que la relación entre Madrid y el régimen de La Habana responde a un criterio sui géneris, diferente al que rige al resto de la diplomacia universal. De acuerdo a Desatinos otras naciones tienen una “opción” respecto al régimen isleño de la que España carece. Para el Madrid de Desatinos y de su mentor, el socialista Presidente Rodríguez Alpargatero, mantener una estrecha relación con La Habana del presente es de carácter obligatorio.

En su visita a La Habana el currito se reunió con el Presidente temporal de Castrolandia, “la china”, ya que Fifo, para quien el diplomático andaluz traía una afectuosa carta del otro monarca, divide su tiempo de convalescencia entre escribir catilinarias ambientalistas denunciando el etanol en el libelo Granma y chuparse ávidamente el dedo gordo del pie izquierdo. Razones esas más que suficientes, dentro de las estrictas reglas que mantienen en secreto los negocios del estado, para limitar las audiencias internacionales del emperador caribeño. Fifo sólo las concede a su hijo putativo, el adalid socialista del siglo XXI. Desatinos lo sabía de antemano.

Entiendo perfectamente la lógica del currito. Para individuos como él la relación normal entre Madrid y La Habana tiene que ser la que existe entre metrópolis y colonia, entre productores explotados y consumidores socialistas (sanguijuelas por definición), entre un Capitán General y “Liborio” (personaje ficticio que simbolizaba al pueblo cubano en la extinta publicación cubana “La Política Cómica”). Ya nos lo había narrado Gastón Baquero, contando de su exilio madrileño que ciertos interlocutores suyos referían a Martí (a quien llamaban “Martín”), como “el tío ese que nos quitó las colonias”. ¿Existe una relación más consistente y obligatoria que la que procura un explotador hacia el esclavo ajeno de cuyo esfuerzo espera beneficiarse impunemente ?

Sin embargo, si Desatinos se tomara el trabajo de leer la historia de esas relaciones, vería que, por lo menos durante dos períodos del siglo XIX (1868-1878 y 1895-1898) los contactos fueron diferentes. El currito, por supuesto, probablemente tiene un conocimiento de la historia de Cuba tan profundo como el que de la configuración terrestre tenían los profesores de Salamanca que debatieran a Colón. En nombre de una buena parte de los casi tres millones de expatriados cubanos y otra aún mayor de los más de once que todavía habitan la isla, le advierto a Desatinos que en el sendero de la luna de miel entre su gobierno y la pandilla de Fifo, Cuba y España podrían encontrarse en un recodo sosteniendo relaciones similares a las de esas épocas. Ojalá que no resurja semejante y sangrienta ojeriza (que podría extenderse por generaciones) entre pueblos a los que hermana una misma cultura e idioma. Pero de ocurrir semejante cisma, ¿existe alguna duda sobre a quién responsabilizaría el juicio de la historia?


DOS

Si alguien a estas alturas todavía alimentara dudas sobre la verdadera actitud de la administración de George W. Bush ante la libertad de Cuba (no muy diferente en honor a la verdad a la de todos los gobiernos que le precedieran desde 1959), ese extremo quedó ampliamente aclarado durante la semana pasada en la Corte Federal del Distrito Occidental de Texas en la ciudad de El Paso. Si alguna vez existió alguna duda de las razones por las cuales la tiranía castrista ha sido tan longeva, esa incógnita quedó despejada con precisión algebraica durante la semana pasada en dicha Corte.

Dos relevantes documentos fueron producidos por ese Tribunal Federal entre los días 3 y 6 de abril. Asistiendo a la vista del día 3 fui testigo de las verdaderas intenciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos en el caso Posada Carriles. El día 6 obtuve constancia escrita de las mismas.

El primer documento producido por la corte el día 6 (#44 de dicho caso), detalla la orden de la Jueza, Hon. Kathleen Cardone, permitiendo la libertad bajo fianza del acusado y el monto de dicha fianza, así como las severas condiciones rigiendo esa libertad condicional. El segundo (#45-1), presentado inmediatamente después durante el mismo día, es un recurso legal demorando la implementación de dicha orden hasta el día 13 de abril. Este fue presentado por los fiscales, quienes reclaman ese tiempo para estudiar la posibilidad jurídica de apelar la orden de Cardone. Aunque el aplazamiento fue en principio admitido por la corte, la situación es fluída, con el abogado de la defensa probablemente intercediendo contra él para que la detención no continúe después del lunes día 9 (escribo esto el domingo 8). Ambos documentos son del dominio público y copias de los mismos pueden ser legalmente obtenidas por cualquier entidad interesada.

El gobierno federal declara que Posada representa un riesgo de fuga si se le concede la libertad bajo palabra. También que constituye un peligro social estando suelto. En la página 5 de la orden de admisión de fianza de la Jueza Cardone, en los primeros tres renglones se lee: “Finalmente, el gobierno argumenta que el defendido representa un peligro a la comunidad a causa de sus pasadas actividades militantes contra Fidel Castro…” Al fin, una abierta confesión oficial de las intenciones de la presente administración sobre la libertad de Cuba: ¡Los abogados del Departamento de Justicia establecen supuestos intereses comunes entre la comunidad norteamericana y la tiranía que asesina y avasalla al pueblo de Cuba durante casi medio siglo! La máscara calló definitivamente al suelo y el rostro de la traición (cobarde, como el de todas las traiciones) se evidencia en su proverbial fealdad.

Otra conclusión inescapable es que las intenciones de Washington son las de mantener a Posada encerrado indefinidamente en la esperanza de que muera en prisión. No conozco el régimen carcelario a que está siendo sometido, pero a ojos vista Posada luce pálido y ha perdido peso desde su arresto. Como que todas las acciones humanas tienen consecuencias, es mi propósito que los lectores interpreten este trabajo como un emplazamiento formal al Presidente George W. Bush, a su Secretario de Justicia Mr. Gonzalez y a su Director del Departamento de Homeland Security Mr. Chertoff, a informar al público cuáles son los territorios fuera de Estados Unidos a los que ellos temen Posada podría escapar durante su libertad condicional.

Solamente los regímenes totalitarios de Castro y Chávez, enemigos irreconciliables del derecho de gentes, aceptan e incluso demandan la deportación de Posada. Esa demanda ha sido rechazada por otro juez federal en virtud de que el acusado sería víctima de torturas. El alegato del gobierno sobre el peligro de fuga por el acusado es un subterfugio absurdo en el que ni siquiera la fiscalía cree. Las acusaciones que enfrenta Posada, aún en el remotísimo caso de que fuera convicto de las mismas, probablemente acarrearían sentencias de privación de libertad equivalentes al tiempo ya servido. Entonces, ¿cuál sería para Posada el beneficio de escapar? ¿Adonde iría? Amigos lectores, la mala fe de la fiscalía es evidente y su abierta inclinación a subvertir la justicia, abrumadora.

El de Posada es sin la menor duda un juicio político, resultado espúreo de manejos conspirativos dentro de un estado en apariencias singularmente soberano y poderoso, pero en realidad vacilante para defender sus intereses más preclaros y atemorizado sin remedio de la envidia universal. Una sociedad que junto a la merma contínua de virtudes ciudadanas que antaño fueran su honorable divisa, pierde hoy velozmente la determinación a enfrentar a sus enemigos más reales y peligrosos. ¿Estará Norteamérica olvidando la solemne advertencia de Benjamin Franklin sobre la destrucción de la República desde adentro? Remitámonos al juicio de la historia.



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