¿A QUE IRÍAMOS A CUBA?
Por Nelson Calderón Martínez
Editor en Jefe - Información News Agency


La noticia ya está en la calle circulando y la aprobación vino directamente de la Casa Blanca, ya que según el Pte. Bill Clinton, a su llegada de China comunista, en sus declaraciones a la prensa: "lo único que me impide ir a visitar a Cuba y dialogar con el Presidente cubano es la ley Helms-Burton"; y ya son una realidad los vuelos directos a Cuba desde territorio estadounidense.

Este escrito va dirigido a aquéllos a los que la metamorfosis comunista cubana llamó una vez gusanos y ahora los recibe como mariposas, a los que llamó traidores y les da la bienvenida como traidólares, a los que calificó de oponentes y ahora llama disidentes, a los que persiguió como indeseables y mientras estén en Cuba como turistas peregrinos son ahora intocables, ya que no serán perseguidos, ni vigilados ni privados de movimiento alguno en la Isla.

Martí preguntó en un famoso discurso: ¿a qué iríamos a Cuba?, parece que el discurso hubiese sido pronunciado hace unos pocos días.

Y nosotros de nuevo preguntamos:

¿a qué iríamos a Cuba?
¿A ver a la mujer cubana convertida en jinetera, miliciana, chivata, mendigando un pedazo de pan para darle de comer a sus hijos; al hombre cubano ser un peón, peor que un esclavo, viviendo en un sistema que ahoga su libertad, su iniciativa y ambición propia de superación?

¿A qué iríamos a Cuba?
¿A ver una juventud deambulante al no tener futuro en un sistema en el cual un loco es el amo y señor de vidas y haciendas?

¿A qué iríamos a Cuba?
¿A ver un país que el primero de Enero de 1959 era el segundo país de América convertido ahora en el país más paupérrimo del mundo? ¿A ver hambre, miseria, peste y muerte, los "cuatro jinetes del Apocalipsis", pasearse con orgullo de San Antonio a Maisí impunemente? ¿A ver por un lado las casas y viviendas destruídas y por el otro, la opulencia, hoteles y casas de lujos para los turistas a las cuales al pueblo le está vedada la entrada?

¿A qué iríamos a Cuba?
¿A ver chasquear el látigo de la tiranía sobre las espaldas de un pueblo y sentirnos impotentes al no poder hacer algo para remediarlo?

¿A qué iríamos a Cuba?
¿A ver a nuestros familiares por un instante y volver de nuevo con el corazón contrito al no haber podido resolverles su situación de esclavos y cautivos?

¿A qué iríamos a Cuba?
¿A llevarle dólares al tirano para que pueda mantenerse en el poder indefinidamente?

¿A qué iríamos a Cuba?
¿A ver tanta desvergüenza y no poder tomar las armas en la mano para dar al traste con tanta inmundicia?

Como dijo Martí: "Puñal es poco para decir lo que eso duele".

¿A qué iríamos a Cuba?
¿A llorar como las mujeres de Jerusalén sobre el leño verde?

Otros podrán. Nosotros, como Martí, ¡no podemos! Seguimos siendo gusanos, todavía no nos hemos convertido en mariposas.


FIN



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